lunes, 19 de julio de 2010

La imaginación de los economistas

En ciencias sociales existe una antiquísima tradición, uno intenta contextualizarla para entender porque los argumentos muchas veces hacen referencia a una etapa que más parece pertenecer a la sección de cuentos infantiles de una biblioteca que a los estantes dedicados a escritos científicos. Es fácil encontrar referencias a estados de naturaleza puros en textos del siglo xvi y xvii, uno tiende a pensar:
"Es más que entendible que necesiten recurrir a esos argumentos, los filósofos de ese entonces no contaban con la historiografía moderna, además el peso político de las autoridades eclesiásticas forzaba a los escritores a incluir algún tipo de sociedad natural, forjada por la divinidad, perfecta e incorrupta".

Encontramos estados de la naturaleza en Locke, en Rousseau, en Smith y también en Ricardo. Pero, ¿qué pasa con los científicos contemporáneos? Esta entrada va a tratar un problema en particular de un texto que se utiliza bastante en los cursos de macroeconomía avanzada y teoría monetaria en la Universidad de Buenos Aires.

El artículo en cuestión es "Tópicos de teoría y política monetaria" escrito por José María Fanelli a principios de la década de los noventa. No me interesa discutir como se desarrollan las restricciones presupuestarias de los distintos sectores de la economía, las recomendaciones de política o la noción de capital que se presenta luego de consolidar las restricciones contables aunque debo reconocer que el último asunto nombrado está íntimamente relacionado con la cuestión.

Como concibe JMF a la economía moderna

"... podemos definir una economía monetaria (moderna), simplemente, como aquella en la cual existen pasivos. En una economía de trueque por definición no podrían existir pasivos ya que en tales economías los bienes se intercambian por bienes y no por "papeles", esto es, compromisos de pago futuro."

Se puede atacar esta definición de muchos lados, pero ahora lo único que me interesa es remarcar la aparición de un momento histórico bastante difuso, la economía de trueque, que tiene una gran semejanza con los estados de naturaleza que encontramos en autores de mucho tiempo atrás.

A decir verdad no entiendo la necesidad de incluir en la caracterización de la economía monetaria un momento del desarrollo histórico que, en primer lugar, dudosamente haya existido realmente. No quiero decir que la humanidad no haya experimentado el intercambio de cosas por cosas, la misma relación mercantil moderna es un intercambio de cosas por cosas, en este caso mercancía dineraria por alguna otra mercancía. También sabemos de sociedades donde el intercambio de cosas por cosas era regular, Marcell Mauss nos cuenta en su ensayo "The gift" como la relación de intercambio donática se consolidó en algunas sociedades del norte de America y como este tipo de relación social todavía existe en nuestros días revistiendo algunos comportamientos humanos específicos. Pero hasta ahora no he oído sobre la existencia de una sociedad donde el trueque haya sido la relación social general por la cual la reproducción de un determinado grupo humano se haya asegurado.

Para no ser demasiado duros con el autor vamos a suponer que existió una economía donde el trueque garantizaba la reproducción de las condiciones materiales para la existencia de un grupo humano. Tendríamos que estar en condiciones de dar cuenta de la transición desde una economía de trueque a una economía monetaria. Pero no. La única explicación que encontramos puede compararse con las invasiones bárbaras que dieron por tierra con el Imperio Romano, de la nada aparecen los instrumentos financieros, no surgen de la actividad del trueque sino que por alguna razón exógena (manchas solares tal vez) las personas tienen instrumentos que les permiten diferir el pago. Tenemos dos momentos independientes, dos formas de comportamiento económico que aparecen sueltas en el éter.

La tercer cuestión que quiero tocar es la pretensión "globalidad" de la definición y dejar las puertas abiertas para el problema de la dicotomía real-monetaria. En el texto se aclara que la definición no trata de cerrarse a una economía monetaria donde lo característico sea "la existencia de dinero para transacciones en sentido estricto (...) pone énfasis en la característica más global de los medios de pago y de los instrumentos financieros en general de ser herramienta para el diferimiento de pago de bienes con bienes". Uno de los problemas más grandes que tenemos es la confusión que hay en torno a la economía real versus la economía financiera. Los pasivos de una persona son activos de otra, y los activos financieros representan esas obligaciones, tanto así como las conchas marinas representaban obligaciones futuras para las tribus mencionadas por Mauss en su ensayo sobre el don. La verdad es que la incertidumbre sobre la capacidad de compra que tiene un instrumento financiero en el futuro es tan incierta como la capacidad de disponer, por medio de las conchas marinas que están en el poder de algún hombre que integra estas sociedades "primitivas", de la hija de tal o cual integrante de la tribu en el futuro. Con esto quiero simplemente decir que la reducción de la incertidumbre que los instrumentos financieros aseguran al atar por medio de un contrato a dos partes no asegura para nada la realización del contrato. Más aún si ese papel está denominado en "dinero en sentido estricto" como dice JMF. Y además la noción de futuro no es exclusiva de las sociedades modernas.

En fin, comparar la economía moderna con un estado del desarrollo humano que difícilmente haya existido no aporta al debate sobre la especificidad de la economía monetaria sino que lo dificulta. En primer lugar está la cuestión de comparar algo real (la economía monetaria moderna) con algo ficticio (la economía de trueque puro). En segundo lugar tenemos la cuestión de la transición de una a la otra, que no es más que el problema de saltar de un momento imaginario a uno real. Y por último encontramos que diferir un pago es una de las características de los manejos económicos en las sociedades modernas pero que no es suficiente para dar cuenta de la especificidad histórica de la economía monetaria.

Hasta la próxima.

Juanma.

domingo, 18 de julio de 2010

Saludos y a los palos

"It´s all gone, the money in your account it´s all gone"

Así empieza Margaritaville, un capítulo de Southpark donde Stan descubre que ha perdido todo el dinero que ha invertido cuando su papá intenta mostrarle lo importante del ahorro. No voy a comentar todo el episodio, solamente pretendo comenzar diciendo que van a encontrar en este sitio, comentarios sobre lo que vaya leyendo de teoría económica, nada más ni nada menos. A veces las entradas tendrán algo que ver con la "realidad", otras tantas solo serán re-exposiciones de lo que se cruce en mi camino. A no perder tiempo y a los palos.

Hicks-Capital y tiempo

Hace unos días estaba haciendo unos trámites y me dieron un numerito, conclusión: tres horas para pasear por Adrogué. Caminando me encontré dentro de una librería de usados donde encontré el tercer libro sobre el capital escrito por John Hicks. Para algunos el economista más brillante del siglo xx, el hombre que armó IS-LM no solo no respetando los aportes originales de John M. Keynes sino que para hacerlo tuvo que desconocer los fundamentos de la teoría que defendía. Pero hoy no voy a hacer referencia a las desavenencias entre Hicks y Keynes, sino que quiero resaltar una cuestión que muchos economistas tienen cuando exponen sus ideas, el problema de los supuestos.

Los economistas hoy en día piensan en modelos, los tipos dicen que la realidad es muy complicada, que no se puede abordarla sin simplificarla. Entonces se arman un modelo, un par de supuestos, dicen estas son las endógenas, estas las exógenas, y acá tenemos las leyes de comportamiento. El modelo puede ser estático o dinámico, con más o menos variables, si se puede lineal o linealizable. Yo no tengo nada en contra de los modelos, contra la matemática útil, contra tener a la física como modelo a seguir, el mismo Einstein dijo que "el objetivo de toda ciencia, sea natural o psicológica, consiste en ordenar nuestras experiencias de modo que el todo forme un sistema lógico" y que más quisiera yo que los economistas intenten ordenar sus experiencias y no cualquier otra cosa. A veces nos pasa que algún autor presenta algo, que parece mostrarse como coherente, consistente, riguroso y en realidad termina siendo un castillo de naipes baratas apoyado sobre prácticamente nada.

Supongamos el resultado.

Sí, eso, supongamos el resultado. Muchas veces los economistas caen en esta falacia cuando plantean sus modelos. Supuestos coherentes, que cualquier persona aceptaría, seguidos por varias hojas de desarrollo matemático y finalmente las conclusiones.

En la primera parte de "Capital y tiempo" John Hicks presenta algunas formas de medir el capital,lo mide teniendo en cuenta el flujo de ingresos futuros o de manera prospectiva, lo mide teniendo en cuenta el stock de capital existente o retrospectivamente. Lo que me llamó la atención fue una de las conclusiones del capítulo II:

"Hemos demostrado, muy rigurosamente, que (excepto en el caso degenerado de la producción instantánea) tal beneficio debe existir, para que cualquier proceso sea viable". (p31)

Lo único que John Hicks dice aquí es haber probado que sin ganancia un proyecto de inversión en una economía capitalista no se va a realizar. Pero la fuerza de la afirmación, la "rigurosidad" me forzó a volver hacia atrás, a revisar los supuestos.

"Según nuestro supuesto de precios dados de insumos y productos, estamos constreñidos a una economía de mercado; en una economía tal, también habrá tasa de interés".(p25)

Después de eso no queda mucho que decir. Cualquiera sabe que todas las teorías económicas ponen como límite a la tasa de ganancia la tasa de interés, sea que las ganancias se igualen, el límite inferior está puesto por el rendimiento del dinero en el banco.

En fin, suponiendo el resultado no vamos a ningún lado, amigo John, no probaste nada, y menos que menos fuiste riguroso.

La próxima vez que tenga un rato para pasear por librerías de usados me compro un libro de Harry Potter.

Saludos.

JM